Los síntomas clínicos de la diabetes son el preludio de lo que vendrá, una concatenación de sucesos que carecen de valor para nuestro psiquismo y que como padres intentamos de ubicar defensivamente “como una alteración fisiológica pasajera dentro del binomio salud-enfermedad” de la vida, pero que el médico de turno se encarga de enumerar, ordenar y clasificar a través de sus palabras, transformándolo en lo inesperado: la certeza diagnóstica.

